CUENTO. LOS SUPERHEROES DEL PARQUE, REYNALDO CABALLERO CACERES
Los amigos del parque compraron helados y disfrutaban saboreándolos: en ese momento paso un muchacho y le quito el celular a un pensionado. Parto el ladronzuelo feliz en su bicicleta y marchaba en contravía... Como no vieron un policía, uno de los amigos dijo: toca llamar a ZORRO para que lo marque con la Z y así sea reconocido.
martes, 17 de octubre de 2017
CUENTO. LOS SUPERHEROES DEL PARQUE, REYNALDO CABALLERO CACERES
Eran las cinco de la tarde y en el cielo se veían arreboles de diferentes colores cuando pasaron motos de la policía a grandes velocidades, seguro persiguen a ladrones. Los pensionados del club del parque comentaron que Linterna Verde debería ser nombrado por la policía para perseguir a tanto ladrón que hay en este pueblo y con su rayo verde capturarlos...
Eran las cinco de la tarde y en el cielo se veían arreboles de diferentes colores cuando pasaron motos de la policía a grandes velocidades, seguro persiguen a ladrones. Los pensionados del club del parque comentaron que Linterna Verde debería ser nombrado por la policía para perseguir a tanto ladrón que hay en este pueblo y con su rayo verde capturarlos...
CUENTO. LOS SUPERHEROES DEL PARQUE, REYNALDO CABALLERO CACERES
Han pasado los días hablando de crímenes que no han sido resueltos y los asesinos andan sueltos seguramente realizando fechorías. Faltan tecnologías para realizar las investigaciones comentan los amigos del parque. Un pensionado que fue agente secreto comento que deben invitar a Dick Tracy y vera como se resuelven esos casos que son un misterio.
Han pasado los días hablando de crímenes que no han sido resueltos y los asesinos andan sueltos seguramente realizando fechorías. Faltan tecnologías para realizar las investigaciones comentan los amigos del parque. Un pensionado que fue agente secreto comento que deben invitar a Dick Tracy y vera como se resuelven esos casos que son un misterio.
CUENTO. LOS SUPERHEROES DEL PARQUE, REYNALDO CABALLERO CACERES
Los miembros de este club de pensionados estaban sentados en una larga banca del parque; eran diez amigos hablando de la inseguridad que reina en las veredas, de donde han estado robando ganado y asaltando a los campesinos. Hablaron de la falta que hace un organismo de seguridad rural, de poner alarmas sonoras en las fincas. Dijeron que iban a llamar a Hopalon Casisdy y se acabara el abigeato.
Continua lloviendo y el club de pensionados se reúne en un cafecito cercano al parque donde todos los días dialogan de cualquier cosa. Recomendaron a AQUAMAN para perseguir a los bandidos que están llegando a la ciudad y como las vías están como ríos, bueno seria invitarlo unos días.
Los miembros de este club de pensionados estaban sentados en una larga banca del parque; eran diez amigos hablando de la inseguridad que reina en las veredas, de donde han estado robando ganado y asaltando a los campesinos. Hablaron de la falta que hace un organismo de seguridad rural, de poner alarmas sonoras en las fincas. Dijeron que iban a llamar a Hopalon Casisdy y se acabara el abigeato.
Continua lloviendo y el club de pensionados se reúne en un cafecito cercano al parque donde todos los días dialogan de cualquier cosa. Recomendaron a AQUAMAN para perseguir a los bandidos que están llegando a la ciudad y como las vías están como ríos, bueno seria invitarlo unos días.
JOSE EUSTASIO RIVERA EN SOGAMOSO, REYNALDO CABALLERO CACERES.
“Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”. Así empezó la primera página de “LA VORAGINE” un 22 de abril de 1.922, un sábado, en un cuaderno largo y angosto de pasta de cartón carmelita y folios amarillos con su letra precisa y clara escribió: “Cuando los ojos de Alicia me trajeron la desventura, había renunciado ya a la esperanza de sentir un afecto puro. En vano mis brazos –tediosos de libertad– se tendieron ante muchas mujeres implorando para ellos una cadena. Nadie adivinaba mi ensueño. Seguía el silencio en mi corazón.
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, empezó a escribir la novela “Ni siquiera pensó casarse conmigo en aquellos días en que sus parientes fraguaron la conspiración de su matrimonio, patrocinados por el cura y resueltos a someterme por la fuerza. Ella me denunció los planes arteros. Yo moriré sola, decía: mi desgracia se opone a tu porvenir. “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a Rivera quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por José Eustasio a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevare grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
“Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”. Así empezó la primera página de “LA VORAGINE” un 22 de abril de 1.922, un sábado, en un cuaderno largo y angosto de pasta de cartón carmelita y folios amarillos con su letra precisa y clara escribió: “Cuando los ojos de Alicia me trajeron la desventura, había renunciado ya a la esperanza de sentir un afecto puro. En vano mis brazos –tediosos de libertad– se tendieron ante muchas mujeres implorando para ellos una cadena. Nadie adivinaba mi ensueño. Seguía el silencio en mi corazón.
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, empezó a escribir la novela “Ni siquiera pensó casarse conmigo en aquellos días en que sus parientes fraguaron la conspiración de su matrimonio, patrocinados por el cura y resueltos a someterme por la fuerza. Ella me denunció los planes arteros. Yo moriré sola, decía: mi desgracia se opone a tu porvenir. “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a Rivera quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por José Eustasio a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevare grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
ro. En vano mis brazos –tediosos de libertad– se tendieron ante muchas mujeres implorando para ellos una cadena. Nadie adivinaba mi ensueño. Seguía el silencio en mi corazón.
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, escribía la novela: “Nada supe de los deliquios embriagadores, ni de la confidencia sentimental, ni de la zozobra de las miradas cobardes. Más que el enamorado, fui siempre el dominador cuyos labios no conocieron la súplica “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a José Eustasio quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por Rivera a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevaré grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, escribía la novela: “Nada supe de los deliquios embriagadores, ni de la confidencia sentimental, ni de la zozobra de las miradas cobardes. Más que el enamorado, fui siempre el dominador cuyos labios no conocieron la súplica “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a José Eustasio quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por Rivera a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevaré grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
ro. En vano mis brazos –tediosos de libertad– se tendieron ante muchas mujeres implorando para ellos una cadena. Nadie adivinaba mi ensueño. Seguía el silencio en mi corazón.
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, escribía la novela: “Nada supe de los deliquios embriagadores, ni de la confidencia sentimental, ni de la zozobra de las miradas cobardes. Más que el enamorado, fui siempre el dominador cuyos labios no conocieron la súplica “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a José Eustasio quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por Rivera a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevaré grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
La casona de su gran amiga Solita Murillo de Martínez, acogedora y placida, con un enorme brevo en la mitad del espacioso patio, el cariño de esta familia, alejado del corrillo político bogotano, del ajetreo judicial, escribía la novela: “Nada supe de los deliquios embriagadores, ni de la confidencia sentimental, ni de la zozobra de las miradas cobardes. Más que el enamorado, fui siempre el dominador cuyos labios no conocieron la súplica “.
Invitado por Lisandro Duran e Isabel Tavera de Duran a su mansión “ La Quinta” y luego a la hacienda “las Monjas” la cual dominaba el Valle de Sogamoso, Rivera conoció al niño Rafael Valdés Tavera ( el famoso Conejo Valdés Tavera), sobrino de sus grandes amigos y también conoció a Lolita Duran Tavera hija de estos señores quien fue su gran amor. A Rivera le gustaba salir por la mañana al potrero llamado “El Durazno” y en este solitario paraje escribía y corregía “La Vorágine”. El Conejo Valdés Tavera le llevaba el almuerzo y le enseñaba palabras en inglés a José Eustasio quien pensaba viajar a Nueva York.
Un día partió Rivera de Sogamoso y fue despedido por sus amigos. En esa velada se oyeron unos versos poéticos dedicados por Rivera a Lolita Duran Tavera:
“Ya tu recuerdo llevaré grabado Para siempre jamás dentro de mi alma; Porque tú siempre a mi existencia has dado Amor y Fe, serenidad y calma”.
Terminó “la Vorágine” y cerró el manuscrito: “Epílogo. El último cable de nuestro Cónsul, dirigido al señor Ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente: «Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!» FIN
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