miércoles, 8 de marzo de 2017

Salió del consultorio No 8 después de ser atendido por una médica. Salió feliz y le contó a su novio que estaba embarazada. El muchacho se puso pálido, la abrazo, le dio un beso y le dijo siempre estaré a tu lado. Nunca la abandonaré. En ese instante sonó el celular y la muchacha respondió: si mamá .estoy en la universidad, llego tarde porque tengo un examen, hoy no he salido del salón de clases…buscó al novio y nunca más lo volvió a ver. El novio escapó como alma que lleva el diablo.
REYNALDO CABALLERO Reynaldo Caballero Caceres
Un taxista recogió a una muchacha cerca de un cementerio y la llevo a la dirección que ella dio. Al llegar dijo espere unos minutos, ya le traiga el valor del servicio. El taxista esperó y viendo que la muchacha no salía a pagar la carrera, descendió del taxi, golpeo en la casa y una dama vestida de negro abrió la puerta. El contó que una muchacha que minutos antes había traído dijo: ya le pago y él tiene que ir a trabajar, que por favor cancelen el servicio prestado. La señora comentó que ninguna muchacha entró a la casa y que la que vivió aquí falleció hace un año. La señora mostró una foto y el taxista identificó a la muchacha. Soy su madre y ella murió hace un año. Hoy fuimos al cementerio a llevarle flórez. El taxista recibió el pago y partió asustado pensando que había trasportado a un ser del más allá. Mando a bendecir el automóvil.
REYNALDO Reynaldo Caballero Caceres
La iglesia estaba colmada de invitados a la boda del año. El novio lucía un vestido traído de Londres. Se veía como un príncipe. Los invitados se mostraban preocupados, la novia no llegaba y el cura esperaba impaciente. Anunciaron que la novia se había escapado con su novio secreto. El novio sonrió y pregunto: ¿Quién desea casarse conmigo? . Diez damas y dos señores levantaron la mano, hicieron sorteo y una linda muchacha fue la novia en esa afamada boda. Se fueron de luna de miel y vivieron felices.
REYNALDO Reynaldo Caballero Caceres

lunes, 6 de marzo de 2017

Era la hora de levantarse de la cama y esperaba que el despertador sonara. Esperó durante un largo tiempo y no escuchó la alarma. Cuando abrió los ojos se encontró rodeado de angeles con grandes alas quienes le dieron la bienvenida al cielo. ¿Qué sucedió? ¿Porque estoy aquí? Llegó con trago, dejó la llave del gas abierta y por supuesto falleció. Su habitación fue una cámara de gas. ¿No pueden regresarme? pregunto angustiado. Hoy tengo que casarme. 
Reynaldo Caballero Caceres
Salió en su vehículo nuevo, recién adquirido, salió feliz y se dirigió a la casa de la novia para invitarla a dar una vuelta. Era un carro de color blanco. Cuando llegó a visitar la niña de sus ojos, descendió del coche, entró a la casa, charló unos minutos con la suegra y al salir no vio el carro. Se lo robaron, pensó, y en seguida llamó a la policía, a la agencia que vendió el carro y minutos después le avisaron que habían encontrado el carro abandonado en una calle cercana, con un aviso que decía: Póngale gasolina.
Reynaldo Caballero Caceres
Llovía sobre la ciudad; el frio era intenso y la neblina cubría las casas, los árboles, solo se escuchaba el ladrido de unos perros. Escucho el grito de una mujer. Disparó su revolver el cual tenía balas benditas para matar brujas. Era un cazador de seres del mas allá. Escuchó pasos y un alarido que rompía los oídos. Disparó el arma. Desapareció la neblina y en el piso de la avenida vio cuando una bella mujer se volvía humo. Un trueno hizo vibrar los vidrios de las ventanas. ¡Volveré ¡fue el grito que recorrió las calles. Esta escena se repetía todos los días. El estaba condenado hasta el fin de sus años a cazar las brujas. Era culpable de quemar una bruja hace 200 años y lo sentenciaron a muerte por este cruel acto
Reynaldo Caballero Caceres

viernes, 3 de marzo de 2017

Despidió al señor que conoció en la plaza de mercado quien le pregunto si creía en el diablo y el respondió que no creía en diablos. El señor se disgustó y se perdió entre la gente que hace mercado. Caminó para su vivienda y cuando faltaban unos quinientos metros para llegar vio un perrito blanco , lo alzó y se lo llevó para que tuviera un hogar. A medida que avanzaba el perro iba creciendo y era cada vez más pesado; faltaban unos cien metros cuando el perro creció tanto que lo soltó al suelo y allí tomo forma de toro primero y después apareció el señor de la plaza de mercado, el que le pregunto si creía en el diablo. Quedó oliendo a azufre. Llegó a la casa asustado y le contó a la esposa lo sucedido, en ese instante entro a la alcoba un perrito blanco igual al que el encontró. Ella dijo: eran dos perritos y me traje uno, el otro debe estar por ahí.
“CUENTOS AL ATARDECER”, REYNALDO CABALLERO CACERES.